“La Bestia” el transporte del migrante

“La Bestia” el transporte del migrante

Publicado por Radio Zócalo

Fabio Cuttica nación en Italia Roma en 1973, lleva más de tres años siguiendo de cerca a varios de estos grupos que intentan atravesar el país de sur a norte.

Con sus palabras relata una de las experiencias más impactantes que ha vivido; “A veces suben al tren más de 100 migrantes. Existen grupos de delincuentes que colaboran con el Estado. Entonces bloquean el tren, se suben armados a él y se llevan a los migrantes. Luego les piden un número de teléfono –de su país de origen o de Estados Unidos- y llaman pidiendo entre 500 y 2.500 dólares por el retenido. Cuando reciben el dinero, si les va bien, lo liberan, pero en ocasiones lo matan. Estas víctimas son invisibles, no existen.

Puede que La Bestia sea su mayor símbolo, o al menos el más documentado, pero el fenómeno migratorio en México se extiende más allá de los trenes de mercancías a los que cada día se aferran cientos de personas que sueñan con alcanzar la frontera norte.

“Obviamente tienes que trabajar en el tren. Es el protagonista porque en él viajan los migrantes, pero hay muchos otros aspectos de la migración en torno a él”, aclara Fabio Cuttica (Roma, 1973), fotógrafo finalista del ‘Premio de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña’, que organiza la ONG Médicos del Mundo.

Desde finales de 2010, cuando se instaló en Tijuana y comenzó su proyecto ‘Dark Passage’ sobre la emigración centroamericana que trata de llegar a Estados Unidos, Cuttica ha hecho tantos viajes y se ha subido tantas veces a La Bestia, que ha perdido la cuenta.

“En los últimos años se han visto muchísimas fotografías, pero eso también ha tenido algo positivo, y es que la cobertura mediática ha ayudado a que ciertas partes del recorrido se vuelvan un poquito más tranquilas”, admite este fotógrafo que, desde que era niño, ha estado vinculado a países latinoamericanos como Perú o Colombia, donde creció.

El viaje por tierras (y vías) mexicanas tiene un inicio común para la mayoría de los migrantes: el cruce del río Suchiate, en la frontera con Guatemala. Desde ahí, y hasta llegar a la ciudad de Arriaga, en Chiapas, donde se toma el primer tren de carga, comienzan las dificultades del camino.

Riesgos de secuestros, robos o extorsiones ya no son tan altos en esa zona, según el fotógrafo, si se compara con otras rutas más al norte, sobre todo las que atraviesan Estados como Veracruz o Tamaulipas, controlados por grupos del narco afines a los Zetas, donde no son raros los levantones y asesinatos de grupos de migrantes que acaban en fosas comunes.

Él entró en contacto con los protagonistas de sus imágenes en los albergues que hay diseminados por todo México, en la cercanías de las vías del tren, y que gestionan grupos de activistas y religiosos.

“Antes de empezar, yo pensaba que iba a ser un problema trabajar con los migrantes. Me los imaginaba un poco agresivos por el hecho de que yo estuviera ahí con ellos, que no tuvieran muchas ganas de hablar”, reconoce. “Pero en absoluto: siempre me aceptaron de la mejor manera, me permitieron trabajar como quise, me ayudaron a subir y a bajar del tren, con los equipos, la cámara, la comida… por eso, en este premio estamos todos”.

Algunos de esos emigrantes tendrán suerte. Entrarán en Estados Unidos, conseguirán un trabajo que les permita sobrevivir e incluso podrían enviar algo de dinero a sus familias. Otros tendrán problemas, serán detenidos y probablemente devueltos a sus países de origen. Y de unos pocos más… no se volverá a saber nada.

Es el drama de los desaparecidos en México: más de 27.000, según datos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y en torno a los 70.000, según las estimaciones del Movimiento Migrante Mesoamericano. Y entre ellos, aunque sin cifras exactas, hay varios miles de migrantes que cruzaban el país y a quienes sus madres, hermanas y esposas buscan año tras año en caravanas que recorren el territorio mexicano.

“Soy consciente de que mi familia y yo somos migrantes de business class, pero me identifico cuando conozco a mujeres como estas o cuando viajo en el tren con personas que reflejan lo que, en otro contexto, podría ser mi día a día”.